Apagas la luz.
Cierras los ojos.
Todo está en silencio.
Menos tu cabeza.
Repasas una conversación de esta mañana. Piensas en esa decisión que no sabes si fue la correcta. Vuelves a imaginar lo que deberías haber dicho. Anticipas lo que podría pasar mañana. Buscas una respuesta que no llega.
Miras el reloj.
Las 2:17.
Y, cuanto más intentas dejar de pensar, más pensamientos aparecen.
