La trampa mental que te aleja de la solución

 

Apagas la luz.

Cierras los ojos.

Todo está en silencio.

Menos tu cabeza.

Repasas una conversación de esta mañana. Piensas en esa decisión que no sabes si fue la correcta. Vuelves a imaginar lo que deberías haber dicho. Anticipas lo que podría pasar mañana. Buscas una respuesta que no llega.

Miras el reloj.

Las 2:17.

Y, cuanto más intentas dejar de pensar, más pensamientos aparecen.

 

Esta escena resulta familiar para millones de personas.

 

Según explica la hipnoterapeuta clínica Carolina Cadierno, este es uno de los motivos de consulta más frecuentes. Personas inteligentes, responsables y perfeccionistas llegan convencidas de que su problema es «pensar demasiado», cuando en realidad están atrapadas en un patrón de pensamiento repetitivo que alimenta la ansiedad, aumenta el estrés y, muchas veces, termina robándoles el sueño. Más información sobre su trabajo y su enfoque terapéutico puede encontrarse en  www.carolinacadierno.com.

 

Todas las personas piensan sobre los problemas. Es una capacidad extraordinaria del ser humano. Gracias a ella analizamos situaciones, aprendemos de los errores y planificamos el futuro.

 

El problema aparece cuando se deja de buscar soluciones y se empieza simplemente a dar vueltas sobre lo mismo.

 

La psicología llama a este proceso rumiación.

 

La rumiación consiste en repetir una y otra vez los mismos pensamientos, preguntas o preocupaciones sin avanzar hacia una respuesta real.

 

Lo que dice la ciencia

La psicóloga Susan Nolen-Hoeksema, una de las mayores investigadoras sobre la rumiación, demostró que las personas que permanecen atrapadas en este tipo de pensamiento repetitivo tardan más en recuperarse de los estados de ansiedad y depresión, presentan mayores niveles de malestar emocional y encuentran más dificultades para resolver los problemas que les preocupan. Su investigación, considerada una de las más importantes sobre este fenómeno, puede consultarse en Rethinking Rumination:

 

En otras palabras, cuanto más se intenta resolver ciertos problemas únicamente pensando en ellos, menos recursos mentales quedan disponibles para encontrar una solución.

 

Es un círculo vicioso.

 

Las personas piensan porque se sienten mal.

 

Y terminan sintiéndose todavía peor porque siguen pensando.

 

Investigaciones posteriores, como las del psicólogo Edward Watkins, han llegado a conclusiones similares: la rumiación consume atención, dificulta la flexibilidad mental y hace que la visión del problema sea cada vez más estrecha.

 

Es como si la mente enfocara una linterna siempre sobre el mismo punto.

 

Cada vez se observa con más detalle ese pequeño espacio.

 

Pero se deja de ver el resto del camino.

 

¿Se puede salir de este bucle?

La buena noticia es que sí.

 

La rumiación no forma parte de la personalidad de quien la experimenta. Nadie nace siendo una persona que da vueltas a todo.

 

Es un patrón que el cerebro ha aprendido. Y, como ocurre con cualquier patrón aprendido, también puede modificarse.

 

El primer paso consiste en reconocer cuándo se ha dejado de pensar para empezar simplemente a rumiar. Ese momento en el que la mente deja de buscar soluciones y comienza a repetir las mismas preguntas sin encontrar respuestas.

 

Comprender este mecanismo ya supone un cambio importante.

 

Pero comprenderlo no siempre basta.

 

Muchas personas entienden perfectamente por qué se sienten ansiosas, por qué procrastinan o por qué les cuesta dormir. Han leído libros, han escuchado podcasts e incluso saben explicar el problema mejor que nadie.

 

Sin embargo, siguen reaccionando exactamente igual.

 

¿Por qué?

 

Porque muchos de los patrones emocionales y de comportamiento no funcionan a un nivel consciente.

 

Funcionan de forma automática.

 

Cuando el problema está en el piloto automático

El cerebro humano está diseñado para automatizar todo aquello que repite con frecuencia.

 

Gracias a ello es posible conducir, montar en bicicleta o escribir sin pensar conscientemente en cada movimiento.

 

Pero ese mismo mecanismo también automatiza respuestas emocionales.

 

Una experiencia dolorosa, una creencia aprendida durante la infancia o una situación de estrés mantenida pueden convertirse, con el tiempo, en programas automáticos que se activan sin que la persona sea consciente de ello.

 

Entonces deja de elegir conscientemente cómo reaccionar.

 

Simplemente reacciona.

 

Es ahí donde muchas personas sienten frustración.

 

Sé que no debería pensar así… pero no puedo evitarlo.

 

Y esa percepción tiene fundamento.

 

Porque intentar cambiar un patrón automático utilizando únicamente la parte consciente de la mente es, en ocasiones, como intentar modificar el rumbo de un barco actuando solo sobre la brújula mientras el timón sigue girando en otra dirección.

 

Trabajar donde realmente se mantiene el problema

Precisamente por eso, la hipnoterapeuta clínica Carolina Cadierno utiliza la Hipnoterapia Clínica y la Rapid Transformational Therapy (RTT) como herramientas para ayudar a las personas a identificar y modificar aquellos patrones inconscientes que mantienen su malestar.

 

Lejos de la imagen que muchas personas tienen de la hipnosis, la hipnoterapia clínica es un proceso terapéutico orientado a facilitar un estado de atención focalizada y relajación que favorece el acceso a recuerdos, creencias y asociaciones emocionales que normalmente permanecen fuera de la atención consciente.

 

Quienes deseen conocer con más detalle en qué consiste este enfoque terapéutico pueden leer el artículo «Cómo funcionan la hipnoterapia y la hipnosis«:

 

El objetivo no es «borrar» recuerdos ni controlar la mente.

 

Es comprender por qué el cerebro aprendió esa estrategia y ayudarle a sustituirla por otra más adaptativa.

 

Cuando se trabaja sobre la causa que mantiene un patrón, muchas personas experimentan cambios profundos en su forma de interpretar determinadas situaciones y de responder emocionalmente a ellas. La rapidez y el alcance del cambio pueden variar según la persona y el problema, pero el objetivo siempre es el mismo: producir transformaciones que se mantengan en el tiempo porque el patrón que las sostenía ha cambiado.

 

 

Sed felices